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Normas y límites. Un aspecto crucial de la educación.

By 21 marzo 2022marzo 23rd, 2022No Comments

La capacidad de comprender, respetar e interiorizar una norma representa un elemento clave del aprendizaje que se encuentra presente en todos los escenarios en los que interactúan nuestros hijos y alumnos, tanto en el entorno familiar como en el escolar.

Que aprendan a respetar las normas y límites facilita su adaptación e integración del niño o joven en diferentes contextos de la vida, grupos y ambientes.

Depende de los educadores y los padres saber transmitir las normas y los límites a nuestros hijos y alumnos, lo que sin duda, requiere una destreza previa para conseguir enseñar estas pautas.

Los límites deben de comenzar a implementarse desde los primeros años, aunque siempre se está a tiempo de intentar reconducir o mejorar lo realizado hasta el momento. También es fundamental que asumamos que nunca debe darse algo por hecho, a lo ya conseguido hay que darle continuidad en el tiempo.

¿Pero cuál es la fórmula que debemos emplear a la hora de crear, supervisar o mantener cualquier norma que queramos que cumplan?

Las 7 Cs

A esta fórmula la llamaremos las  7Cs y en ella se repasan los 7 conceptos fundamentales que se han de seguir para lograr buenos resultados.

Comportamiento. No hay que dar nada por hecho, hay que detallar bien lo que se espera del niño o joven, de forma concreta y sin grandes discursos de los que seguramente acabará desconectando.

No debemos ser abstractos o indefinidos “quiere que mantengas tu cuarto ordenado”, hay que ser más concreto y explicar bien: “los viernes a las 9 de la noche revisaré tu habitación, la ropa tiene que estar doblada en el armario o en el cesto de la ropa sucia, la papelera vacía y la cama hecha”.

Consecuencia. Todo comportamiento sobre el que queramos influir debe de ir acompañado de una consecuencia. En esto se basa el aprendizaje tanto en niños, como en adolescente y en adulto. No se trata solo de privar de cosas materiales, premios o castigos, debemos intentar simultanear todos ellos. Un buen premio, y a veces muy efectivo, es una felicitación, unas palabras amables o un reconocimiento que exprese alegría, orgullo o satisfacción por haber hecho lo que se le ha pedido.

Congruencia. Toda consecuencia (premio o castigo) debe de ser proporcional a la conducta que hemos indicado, nunca desproporcionada por exceso o por defecto. Si es por un castigo desproporcionado en lugar de enseñar estaremos generando frustración y nuevos conflictos.

Una muestra de este tipo de error sería: “si tienes la habitación desarreglada, estarás dos meses sin salir de casa”. Además, lo que es peor, probablemente no podremos mantener tal castigo, ni por practicidad ni por conciencia.

Continuidad. La consecuencia, sea positiva o negativa, para que sea efectiva debe de hacerse efectiva nada más se haya producido el comportamiento. Es decir, si ha recogido la habitación o si no lo ha hecho, debemos felicitarlo o recriminárselo, castigarlo o premiarlo en el momento, no esperarnos una semana para ello.

Consistencia. Es fundamental para que el comportamiento que deseamos se interiorice y sostenga en el futuro que las consecuencias se mantengan en el tiempo y no variarlas dependiendo de las fuerzas o el ánimo que tengamos eso día.

Si no somos constantes les desconcertamos y confundimos y se suele frustrar el intento de enseñar una norma.

Normas conocidas por todos. Todas las personas que suelan supervisar el comportamiento del niño deben seguir las mismas pautas.

Compartido por todos. Similar a lo apuntado en el apartado anterior pero con un matiz: a la hora de valorar y decidir qué comportamientos queremos enseñar y/o priorizar, así como lo que va a suceder si se hace o no, debemos implicar a todos aquellos que vayan a participar en el mismo, incluso, si es posible, al propio

Si aplicamos las 7Cs de una manera sistemática y paciente conseguiremos que el niño o joven lleve a cabo el comportamiento o la actitud que le hemos pedido y que además, aprenda y esté dispuesto a seguir cualquier otra indicación que le vayamos dando.

Para terminar recomendamos que las normas y límites no deben copar la mayor parte de encuentros que mantenemos con ellos, siempre debemos buscar el equilibrio.

Alejandro León, Departamento Psicopedagógico

 

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